8:55 PM
Soy Enrique
Ahora sí hemos estado bastante ocupados, dando vueltas por la ciudad, conociendo gente, intentando descubrir qué tiene Bogotá que a todos nos ha encantado por igual. No sé si sea la Chocolatina Jet, o su refresco ultra dulce denominado Colombiana cuya botella no he logrado ver, o el aguardiente, o la tremenda amabilidad de la gente. Aquí cuando dices gracias, la gente responde: “Con mucho gusto”. Me parece increíble que esa frase -que ellos seguramente la aprendieron hace años y no se ponen a pensar en qué significa- encierre de manera tan clara, sencilla y directa la forma de ser de alguien.
Aquí me cuesta trabajo reconocerme fuera de mi país. Salvo por el acento, la gente es prácticamente igual, se comporta prácticamente igual, son igual de penosos, de simpáticos, de amables y de desconfiados al principio, pero no tardan en agarrar confianza.
Para nuestra actividad, Ariette y yo decidimos basarnos en la Declaración de Independencia de por acá para preguntar a la gente: ¿qué te hace feliz? La idea era dejar que ellos escribieran o dibujaran qué los hace felices y depositar esos pensamientos en un florero (El florero es el símbolo Colombiano del inicio de la lucha por la Independencia). Lo que hicimos fue usar una imagen del florero verdadero dentro de un florero comprado por nosotros y según nosotros ellos iban a hacer la conexión en automático y pues… no. El símbolo del florero no les dice mucho en realidad, y eso lejos de decepcionarme o ponerme a pensar sobre el estado de la educación pública de Colombia, me dio un poco a pensar.
La idea de los símbolos patrios forma parte de la formación de nacionalidad e identificación entre la gente de un país, esto es importante en las primeras etapas de una nación porque hace 200 años, quizá no había mucho que diferenciara a Venezuela de Colombia y Ecuador. De ahí la importancia de tener un himno, una bandera, un set de héroes y un set de símbolos (en este caso el florero, en el nuestro el estandarte de la Virgen de Guadalupe). El hecho de que hoy no haya mayor conocimiento de los símbolos, ni aquí ni en México, me pone a pensar en que quizá la nacionalidad está ya enraizada en elementos más populares como podrían ser la música, la comida, una manera de ser, una historia deformada, leyendas. Esto, a fin de cuentas, es algo que la gente ha tomado como elementos de autoidentificación y han surgido de manera un tanto más orgánica que el hecho de una bandera o una anécdota histórica.
No sé qué piensen al respecto, espero escribir más sobre esto en días venideros y espero comentarios porque, si un blog no se lee, ¿existe? Sí, estuvo muy sangroncete, perdón. Saludos a todos por allá.



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